Productos “kilómetro cero”: ¿Por qué es importante reducir el recorrido de los alimentos?

En: Tu Biotienda 28/06/2017 Comentario: 0

Imagina el trayecto que ha tenido que realizar el producto que hoy tienes en la mesa. Para llegar hasta allí, ¿el viaje sería corto o excesivamente largo? El daño medio ambiental no solo se produce en las formas en las que se produce un alimento; su transporte también contribuye a dejar una importante huella ecológica. 

Según los datos del Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente, en 2011 en España se importaron 25,486 millones de toneladas de alimentos. En total recorrieron una media de 3.827 kilómetros y generaron 4,212 millones de toneladas de CO2.

Los productos “kilómetro cero” buscan acortar al máximo esta distancia entre productores y consumidores. También se busca que no recorran miles de kilómetros hasta llegar a nuestra mesa y se pretende poder obtenerlos a menos de 100 kilómetros de distancia del lugar en el que se producen. Limitando este círculo se consigue reducir al máximo la contaminación en el transporte, apoyar a crear una economía local más sólida y se contribuye a reducir el desperdicio alimentario.

Sin embargo, se deben tener en cuenta todas las etapas del proceso: La cosecha, la recogida, el envasado o el almacenamiento también deben ser coherentes si queremos consumir un verdadero producto “kilómetro cero”.

¿Qué podemos hacer nosotros como consumidores? 

1.- Escoger con cuidado los alimentos

Solo siendo conscientes de que nuestros actos de consumo tienen una influencia directa sobre el medio ambiente, conseguiremos cambiar nuestros hábitos. Tener presente el impacto y el coste de los productos que llegan a nuestra mesa es un primer paso muy importante.

2.- Leer bien las etiquetas

Analiza bien la información de las etiquetas relacionada con el origen de los alimentos.Todavía no existe un etiquetado común europeo que identifique a los productos de proximidad. Sin embargo, desde 2014 se está valorando un etiquetado para aquellos productos que se vendan a nivel local o de forma directa; de la explotación agrícola al consumidor, sin ninguna clase de intermediarios. Este tipo de productos se puede encontrar en mercados locales, en los que no existen intermediarios o, si los hay, son pocos. De esta forma también nos aseguramos que el reparto de las ganancias es más justo y equilibrado.

3.- Eliminar algunos productos

Existen algunas frutas o ciertos alimentos que por sus características es inviable que se produzcan en nuestro clima. Eliminar estos productos de nuestra dieta sería lo más coherente. En el caso de que no sea posible, lo recomendable es reducir su consumo al máximo.

4.- Hacer un cálculo

Existen aplicaciones que permiten tener una cifra estimada del CO2 emitido en nuestra cesta de la compra. Además permiten calcular, incluso, el impacto anual de los alimentos que compramos de importación.

5.- Comprar alimentos biológicos

Comprar productos “bio” es también una garantía que nos asegura que los alimentos han sido producidos sin químicos, son de una calidad superior y buscan contribuir a una alimentación respetuosa con el medio ambiente, con la biodiversidad, menos contaminante y protectora del trabajo local.

6.- Integrar nuestra filosofía en el tiempo de ocio

De nada serviría ser muy conscientes de todos estos aspectos y, cuando salimos fuera de casa, alimentarnos en cadenas de comida rápida. Adoptar una filosofía en concreto nos obliga a integrarla en todos nuestros actos de consumo y, también, a apostar por los restaurantes slow food

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